sábado, 8 de agosto de 2015

La parroquia de Santa María de la Asunción de Guadalcanal a fines del siglo XV, a través de la visita canónica de la Orden de Santiago en 1494



"La parroquia de Santa María de la Asunción de Guadalcanal a fines del siglo XV,
 a través de la visita canónica de la Orden de Santiago en 1494"

por

Salvador Hernández González

 en  
Revista de Feria y Fiestas de Guadalcanal (2001), págs. 85 – 91.





1.      La Visita Canónica santiaguista y el Priorato de San Marcos de León.





Como es de sobra conocido, la historia de Guadalcanal ha estado estrechamente vinculada a la orden militar de Santiago a raíz del proceso reconquistador frente al Islam. En efecto, la participación de los caballeros santiaguistas en la toma de la localidad a los musulmanes a mediados del siglo XIII determinó el que la vida religiosa y civil de la villa pasase a manos de dicha institución religioso – militar, hasta que los acontecimientos del siglo XIX trajeron de la mano la extinción de las órdenes militares. 

En virtud de este adscripción santiaguista, Guadalcanal formó parte de la denominada Provincia de León, circunscripción juridíco – administrativa que comprendía parte de la actual provincia de Badajoz y que era gobernada en lo eclesiástico por un Obispo – Prior que residía en el convento de San Marcos de León, de donde le vino el nombre a esta provincia [1] . Sin embargo, la distancia existente entre estos territorios de la Baja Extremadura y la capital leonesa aconsejó la creación, ya realizada en el siglo XVII, de sendos provisoratos en Mérida y Llerena, dependiendo Guadalcanal de este último hasta su incorporación al Arzobispado de Sevilla en momento avanzado del siglo XIX. Dentro de este marco administrativo, la vida religiosa en Guadalcanal era controlada, aparte de por la autoridad eclesiástica local, por los Visitadores enviados periódicamente por la Orden santiaguista.



Como instrumento de control de la vida religiosa, la Visita Canónica o Pastoral, efectuada con cierta periodicidad, daba cuenta por escrito del estado de la Iglesia en la localidad visitada. Así, no sólo se hace relación del personal eclesiástico local (vicario, curas, beneficiados, ...), cofradías y hermandades, capellanías, patronatos y fundaciones pías, sino que también se describen los templos existentes y se hace inventario de las imágenes y objetos litúrgicos en ellos custodiados. 

Aunque los decretos del Concilio de Trento a mediados del siglo XVI hicieron obligatoria la práctica de la Visita, en el caso de la Provincia de León santiaguista ya se efectuaba desde los años finales del siglo XV, fechándose en 1494 el primer informe conservado sobre Guadalcanal, lo que contrasta con lo tardío de los datos correspondientes a las vecinas localidades serranas, pertenecientes desde la Reconquista al Arzobispado de Sevilla y para las que también disponemos de este tipo de informes, pero referidos por lo general ya a los siglos XVII y XVIII [2].



Al presentarnos esta visión panorámica, los informes de las Visitas Canónicas se convierten en una fuente de gran interés para la historia local: aspectos como el patrimonio arquitectónico y artístico, la religiosidad popular y la vida eclesiástica pueden ser ampliamente estudiados a través de esta documentación.





2.      La Parroquia de Santa María de la Asunción y la Visita Canónica de 1494.





Como antes hemos dicho, el primer informe de Visita correspondiente a Guadalcanal se fecha en 1494 y se conserva en la sección Ordenes Militares, del Archivo Histórico Nacional [3]. La Visita Canónica en cuestión se celebró en octubre de dicho año, siendo convocadas al efecto las autoridades civiles y religiosas de la localidad, como lo eran los alcaldes Diego de Ortega y Rodrigo Yáñez. En presencia del notario apostólico Diego de Moya, el comendador Fernando de Arse y Francisco Núñez, Visitadores de la Provincia de León, a los que poco después se les agregó Gutierre Gome de Fuensalida, Comendador de Villaescusa de Haro, dieron inicio a su inspección, tras cumplimentar los formulismos y rituales inherentes a este tipo de actos, como juramentos, requerimientos y presentación de credenciales por parte de los interesados.  



Tras visitar las parroquias de San Sebastián y Santa Ana, el día diez de dicho mes de octubre le tocó el turno a la de Santa María, a la que siguió la inspección de las ermitas de la localidad, “ las cuales son de San Benito e Santa María de Guaditoca e de San Pedro e la Celda e de Santa Marina “ , y la “ casa con su castillo “ del comendador de Guadalcanal, Don Fadrique Enríquez. Esta Casa de la Encomienda, de la que se conocen diversas noticias documentales que dan idea de su estructura y distribución de sus dependencias, estuvo en pie hasta 1690, época en que se inició un irreversible proceso de deterioro que condujo a su demolición, hasta tal punto que en 1766 sólo quedaban en pie parte de sus muros, perdurando en nuestros días sólo el recuerdo en el topónimo “ El Palacio “ con que conocemos el emplazamiento que ocupó este desaparecido edificio [4].



Centrándonos ya en la Visita de Santa María, ésta comenzó con la celebración de una misa, tras la cual se pasó a inspeccionar el edificio, que se describe compuesto “ por tres naves sobre arcos de ladrillo “ y techado “ de madera tosca e de ripia de tabla e encima su barro e teja “, siendo la madera “ toda vieja e antigua “ , cubriéndose la capilla mayor con bóveda de piedra [5]. En definitiva, una estructura que se corresponde – haciendo abstracción de las reformas y añadidos posteriores – con la iglesia que hoy podemos contemplar, compuesta por tres naves repartidas en cuatro tramos por medio de pilares cruciformes sobre los que cabalgan arcos apuntados y cubiertas con bóvedas de cañón – producto de las reformas del siglo XVIII – que vienen a sustituir a las primitivas techumbres lignarias. 

El cuerpo del templo se completa con el ábside o presbiterio – cubierto con bóvedas de nervaduras góticas – , perteneciente como vemos a la obra primitiva, y con las diferentes capillas añadidas posteriormente a lo largo del perímetro de las naves laterales, como las de la cabecera de la nave izquierda, fundada por Alonso Ramos, hijo de Rodrigo Ramos el Viejo y la del mismo lado de la nave contraria, edificada en torno a 1550 a expensas del clérigo Francisco López [6].





3.      El patrimonio artístico: altares, imágenes, pinturas y orfebrería. 

La Visita Canónica comenzó por el Sagrario del templo, donde la Sagrada Forma se custodiaba “ en una custodia de plata metida en una arqueta de madera labrada de talla “. A la capilla mayor, carente de retablo, se accedía por unas gradas forradas de azulejos, que también recubrían la mesa del altar, adornada con cruz, candeleros y atriles de madera dorada y sobre la que se daba culto a una imagen de la Virgen con el Niño, “ de bulto hecho de madera bien pintado “, ataviada con ropas de paño colorado y azul. El Niño vestía un manto pequeño de terciopelo verde con borde dorado, llevando sobre su cuello un collar de cuentas de ámbar en dos vueltas. 

Detrás de la imagen se situaban dos pinturas representando la Asunción de la Virgen y María con el Niño, respectivamente [7]. El arco toral estaba atravesado por una viga sobre la que descansaba el Crucificado y otras dos imágenes, seguramente las de la Virgen y San Juan, “ de madera antiguas “, componiendo de este modo el grupo del Calvario. Estas vigas de imaginería colocadas a la entrada de los presbiterios fueron muy frecuentes en la Baja Edad Media y en el Renacimiento, como lo atestigua la documentación conocida para otros casos sevillanos, aunque estos conjuntos escultóricos no siempre se han conservado, perdurando como testimonio tan sólo algunas esculturas aisladas.



En la cabecera de la nave izquierda se situaba el Sagrario, antes aludido y que, cerrado por una cortina de lienzo azul con un cordero pintado en medio y el lema “ IHS “, estaba “ labrado de yesería, dorado, e pintadas muchas imágenes de barro cocido asimismo doradas e pintadas, con sus chapiteles sobre las imágenes dorados “. Las puertas del Sagrario eran de madera tallada, pintadas de oro y de azul. A la vista de esta descripción hay que imaginar este sagrario como una hornacina abierta en el muro, encuadrada por un marco arquitectónico ejecutado en yesería siguiendo fielmente los patrones gótico – mudéjares y por el que se repartían una serie de repisas con peanas y doseletes para contener imagenes de barro cocido y policromado, técnica escultórica de plena actualidad a raiz de su utilización para ornamentar los edificios de la época, como es el caso de las que pueden todavía verse en las portadas de la catedral de Sevilla. Las puertas debieron ser una buena obra de carpintería mudéjar, tal vez decoradas con temas geométricos a base de lacería, como se ve en las conservadas en la parroquia de la vecina localidad de Alanís, donde igualmente enmarcadas por yeserías góticas constituyen un testimonio felizmente conservado de estos primitivos sagrarios medievales y que nos sirven para hacernos una idea de como debió ser el desaparecido sagrario de Santa María de Guadalcanal. El ornato de esta capilla sacramental se completaba con una cortina de lienzo “ con cuatro piernas con sus listas “ colocada sobre el altar y dos lámparas colgadas, “ que tenían dos bacines de latón medianos “ [8].



Ya en las naves [9] , el primer altar que se reseña era el de Santiago Apóstol, con frontal de lienzo pintado viejo y cuya imagen aparecía “ en  un caballo, todo de bulto hecho de madera, con una bandera en la mano izquierda e una espada en la otra “, vestido con una “ camisa morisca de lienzo “. Flanqueando la imagen del Apóstol, dos pinturas sobre tabla representaban la Asunción de la Virgen y los santos Fabián y Sebastián. Sobre el muro estaba pintada la figura de San Andrés.



En el siguiente altar, con frontal de lienzo pintado y candeleros de hierro, estaban las imágenes de bulto de San Pedro Mártir, de barro cocido bien pintado, de San Antón, vestido con una camisa sin mangas, y San Julián, ataviado con roquete.



El altar de San Sebastián, igualmente con frontal pintado, mostraba la imagen de su titular, de bulto y de madera, detrás de la cual se situaba un lienzo pintado del que no se indica su temática.



La imagen de Santa Catalina, de alabastro y colocada en su altar, iba vestida con una saya de tafetán viejo y un roquete, tocándose su cabeza con un velo. La de Santa Lucía, por contra, estaba pintada sobre un pilar del templo.



Por último, en la capilla bautismal se encontraba la pila que todavía hoy conserva la parroquia, “ hecha de piedra bien labrada, cubierta con su tapa de madera “. Sobre esta capilla se levantaba una tribuna “ labrada de madera bien hecha, aunque es antigua “.



El informe de la Visita Canónica de 1494 también nos hace relación de otros enseres del templo, como los libros litúrgicos, las campanas – dos mayores en la torre, una rueda de campanillas para cuando alzan el Santísimo, otra mediana para lo mismo y una pequeña para la comunión - , unos órganos viejos y desafinados colocados sobre el altar de Santiago y dos facistoles.



Muy minuciosa es la lista de piezas de orfebrería y ornamentos litúrgicos [10] . Entre las primeras se mencionan una cruz de plata dorada vieja, otra cruz de plata blanca, una corona de plata dorada, varios cálices de plata blanca y dorada, un incensario de plata, una custodia de plata dorada con esmaltes y un Crucifijo, “ todo dorado e bien labrado de tiempo antiguo “, unas crismeras y una taza. También muy nutrida es la lista de los vestuarios litúrgicos, recogiéndose diferentes casullas, capas, paños, dalmáticas, paños de altar, estolas, sobrepellices, etc.



El documento que hemos analizado nos transmite una imagen colorista del interior de la parroquia de Santa María de Guadalcanal a fines del siglo XV. Carente de retablos, la ornamentación del templo se confiaba a las imágenes y pinturas sobre tabla repartidas sobre los diferente altares, cuyas mesas se ornamentaban con frontales, bien de azulejería, como en el caso del altar mayor, o bien pintados. Las advocaciones representadas en la parroquia son muy típicas de la sensibilidad religiosa bajomedieval: el Calvario de la viga del presbiterio, escena llena de dramatismo y expresividad; la Virgen con el Niño, manifestando su maternal ternura hacia sus devotos; y los santos, modelos de virtudes para el cristiano, como Santiago (cuya presencia en el templo era obligada por su pertenencia a la Orden que lleva el nombre del Apóstol), Fabián, Sebastián (protector contra las epidemias), Pedro Mártir (dominico martirizado por su lucha contra la herejía), Antón (protector de los animales), Julián (santo limosnero y hospitalario), Catalina (ejemplo de martirio en defensa de la fe) y Lucía (también mártir y protectora de las enfermedades de la vista). 

Las esculturas de la Virgen, Cristo y los santos, de estilo gótico, aumentaban sus efectos expresivos al presentarse a los fieles ataviadas con telas, que a la vez que les otorgaban colorista aspecto las hacían más realistas y cercanas a los fieles, quienes veían en ellas unos personajes sobrenaturales llenos de vida y cercanos a sus problemas y necesidades. El colorido de las vestiduras de las imágenes se completaba con el brillo del dorado de candeleros y lámparas que colgaban junto a los altares, todo lo cual destacaba visualmente al contrastar con los muros, pilares y techumbres de las naves. En suma, el templo ofrecía un aspecto multicolor y abigarrado, muy a tono con la sensibilidad popular del momento, impregnada de la mezcla entre la savia orientalizante del mudéjar y la sensibilidad occidental representada por el gótico.



Andando el tiempo, este patrimonio iría siendo sustituido progresivamente por nuevas obras de arte acordes con las sucesivas corrientes artísticas, al objeto de ir adecuando el templo a otras necesidades y nuevos planteamientos estéticos. Así, durante los siglos XVI al XVIII la iglesia de Santa María se engalanará con retablos, esculturas, pinturas y piezas de orfebrería en las que se dará entrada al Renacimiento y el Barroco, patrimonio del que nos han llegado pocas muestras debido a las avatares de la Historia [11].





4.      El patrimonio económico de la parroquia de Santa María.





Para el mantenimiento del culto y de la propia fábrica del templo, la parroquia contaba con un patrimonio inmobiliario del que también se ocupa esta Visita Canónica de 1494, gravado con diferentes censos [12] : un mesón que rentaba al año 1.500 maravedís, una casa arrendada a Gonzalo de Chaves (300 maravedís), una tienda en la plaza alquilada a Pedro Alonso de Nieva (300), otra casa arrendada a Hernando Gereno (200), otra de Alonso Mexía (200), la del platero (200), una viña de Pedro Harto (130), la casa que era de Fernand Sánchez Delgado (500) y unas tenerías donadas a la iglesia por un capellán y que rentaban 50 reales. 

A estos ingresos había que agregar las mandas otorgadas por los fieles en sus testamentos, las limosnas procedente de la concesión de sepulturas en el templo, los 1.000 maravedís que anualmente otorgaba como limosna el Concejo de la villa, quien también ofrecía a la parroquia parte de la recaudación procedente de las multas impuestas a los ganados que “ entran en dehesas e cotos e vedados “ , cantidades que también se compartían con las otras parroquias, las de Santa Ana y San Sebastián.











* Publicado en Revista de Feria y Fiestas de Guadalcanal (2001), págs. 85 – 91.


[1] Una visión de conjunto de esta cuestión la ofrece RODRIGUEZ BLANCO, Daniel: La Orden de Santiago en Extremadura en la Baja Edad Media (siglos XIV y XV). Diputación Provincial de Badajoz, 1985.

[2] HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “ La Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves a principios del siglo XVIII: notas histórico – artísticas “, en Revista de Feria y Fiestas de Alanís (1996), s. p.; “ La Parroquia de Nuestra Señora de Consolación a principios del siglo XVIII “, en Revista de Cazalla (1997), s. p.; “ La Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación entre los siglos XVII y XVIII: notas histórico – artísticas “, en Revista de Constantina (1997), s. p.

[3] ARCHIVO HISTORICO NACIONAL (en adelante, A.H.N.), sección Ordenes Militares: Libros de Visita de la Orden de Santiago. Libro 1101 – C (1494), págs. 17 – 21, 45 – 77, 337 – 342, 419 – 423 y 563 – 566. (Copia microfimada en el Archivo Histórico Provincial de Badajoz, de la que hemos conseguido fotocopia gracias a la amabilidad de Don Manuel Luis Calle Cabrera, investigador de la vecina localidad de Fuente del Arco, a quien expresamos nuestro agradecimiento por habernos brindado esta documentación).

[4] RUIZ MATEOS, Aurora: Arquitectura civil de la Orden de Santiago en Extremadura: la Casa de la Encomienda. Su proyección en Extremadura. Junta de Extremadura – Diputación de Badajoz, 1985. Págs. 91 – 95.

[5] A.H.N., sección Ordenes Militares: Libros de Visitas de la Orden de Santiago. Libro 1101 – C, pág. 60; FLORES GUERRERO, Pilar: El arte del Priorato de San Marcos de León de la Orden de Santiago en los siglos XV y XVI: arquitectura religiosa. Universidad Complutense de Madrid, 1987. Tomo I, pág. 484.

[6] HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “ La Parroquia de Santa María de la Asunción de Guadalcanal y su patrimonio artístico “, en Revista de Guadalcanal (1999), págs. 57 – 61; FLORES GUERRERO, Pilar: El arte del Priorato ..., tomo I, págs. 484 – 486.

[7] A.H.N., sección Ordenes Militares: Libros de Visitas de la Orden de Santiago. Libro 1101 – C, págs. 58 – 59.

[8] Ibídem, pág. 59.

[9] Ibídem, págs. 59 – 60.

[10] Ibídem, págs. 61 – 63.

[11] HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “ La Parroquia de Santa María ... “, págs. 61 – 66.


[12] A.H.N., sección Ordenes Militares: Libros de Visitas de la Orden de Santiago. Libro 1101 – C, págs. 63 – 64.

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